LOS LÍMITES DEL HUMOR

Lo que la ciencia dice sobre los límites del humor

[Texto adaptado.Fuente:  www.vozpopuli.com]

  En octubre de 2001, apenas tres semanas después de los atentados del 11-S, el humorista Gilbert Gottfried hizo la primera broma pública sobre los ataques a las torres gemelas. En presencia del selecto público del club Friars, en Nueva York, Gottfried dijo que había intentado sacar un billete de avión, pero no había vuelos directos porque tenían que «hacer primero una parada en el Empire State Building». La gente respondió con abucheos y gritos de «¡Demasiado pronto!» y el humorista tuvo que cambiar precipitadamente de tema. Unos años después, tras el destructivo tsunami de Japón en 2011, Gottfried fue también criticado por tuitear algunos chistes sobre la tragedia. «En Japón son realmente avanzados», escribió unas horas después del terremoto. «Ellos no van a la playa, la playa viene a ellos».

   Un equipo de la Universidad de Texas analizó los tuits después del huracán Sandy y descubrió que la gente no consideraba divertidas las bromas sobre la catástrofe en los siguientes 15 días, que el momento de mayor popularidad de los chistes se producía unos 36 días después y que transcurridos 100 días volvían a perder la gracia. 

   La conclusión de McGraw y su equipo es que nos reímos cuando algo que nos parece una amenaza es en realidad inofensivo – como sucede con las cosquillas – y que hacemos humor de los eventos con los que podemos establecer una distancia, ya sea geográfica, temporal o mental. «El humor emerge de situaciones potencialmente negativas», asegura McGraw. Esto puede parecer contraintuitivo, añade, pero así es como funciona nuestra mente. Las mejores bromas, en su opinión, cogen algo horrible y lo convierten en estúpido. O como decía Twain, abundando en el tema, «la fuente secreta del humor no es la diversión sino el dolor».

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